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Para qué
concurrir a un psicólogo.
QUÉ ES EL PSICOANÁLISIS
Se piensa que
para acudir a un psicólogo es
necesario hacerse acompañar por
alguna enfermedad: depresión,
bulimia, stress…
Sin embargo, la
intervención de un psicólogo no sólo
permite construir una vida sin las
mutilaciones que la depresión, el
stress, la bulimia o cualquier otra
patología impone, sino además la
producción de un sujeto psíquico.
No es necesario
enfermar para acudir a un psicólogo
e iniciar un psicoanálisis, pero sí
es necesaria la visita a un
psicólogo para abandonar la
enfermedad.
El hombre solo
no puede. Somos sujetos hablantes
porque otro humano nos introdujo en
el lenguaje y será también en
relación con otro como llegaremos al
campo del deseo.
La teoría
psicoanalítica, donde se articula la
figura del psicólogo, nos habla de
un deseo que no tiene objeto, ni se
agota en su elección sino que
funciona a modo de motor de la
producción humana.
Ahora bien, el
deseo no es algo que preexista sino
que ha de ser producido por
interpretación, en el marco de una
consulta de psicoanálisis atendida
por un psicólogo.
No somos seres
deseantes sino que hay que
producirse como tal.
La técnica que
el psicólogo en psicoanálisis
utiliza es asociación libre en
transferencia, es decir, el paciente
atendido por un psicólogo en
análisis, tiene que hablar, pero el
mero hecho de hablar ni lo va a
curar ni lo va a psicoanalizar,
porque la palabra por si misma no
tiene ningún efecto. Es por eso que
afirmaciones del tipo: “ para qué ir
a un psicólogo si puedo hablar con
un amigo” o “no me hace falta ir a
un psicólogo, ya se me pasará”; son
frases que condenan a la persona que
sufre depresión, bulimia, stress….a
un futuro con la enfermedad, porque
no es cualquier hablar que cura sino
el discurso que acontece en el campo
de la transferencia, que se genera
en toda relación de psicoanálisis
con un psicólogo.
El deseo
inconsciente es el motor de la vida,
si se cede en el deseo se enferma.
La atención de
un psicólogo muestra que la
diferencia entre los estados
patológicos y la enfermedad es una
diferencia cuantitativa; los mismos
mecanismos que el hombre emplea en
la producción de un cuadro se ponen
en juego al construirse un síntoma.
El
psicoanálisis es la ciencia del
lenguaje habitado por el sujeto. La
escucha del psicólogo permite una
lectura diferente, y en consecuencia
otros efectos, de procesos como los
celos, la envidía o la culpa;
procesos que el psicólogo reconoce
como constitutivos, es decir, son
procesos por los que todo sujeto
atraviesa, pero en algunos casos se
han eregido como determinantes y
causan un sufrimiento excesivo,
comandando la vida del paciente que
consulta al psicólogo .La locura es
la exageración de un rasgo, la
mayoría de las veces normal.
El psicólogo
interrumpe su propio deseo para
permitir con la escucha del
psicoanálisis que el paciente hable.
El psicólogo
que realiza un tratamiento
psicoanalítico dirige el tratamiento
, no la vida del paciente. No hay
recetas sobre cómo vivir, no se
trata de que el psicólogo nos
aconseje sobre maneras de vivir sino
que el psicólogo con su herramienta
de trabajo que es el psicoanálisis,
da cuenta de cómo deseamos. En
psicoanálisis se trata de la
construcción de una historia de
deseos.
El método que
un psicólogo en psicoanálisis
emplea, es
interpretación-construcción, y una
construcción no es la historia real
del paciente que consulta al
psicólogo, es decir, no consiste ,
como se señaló anteriormente, en que
el psicólogo le revele al paciente
cómo vive sino cómo desea.
La
interpretación en psicoanálisis le
permite al sujeto en tratamiento con
un psicólogo, modificar una frase de
su estructura de pensamiento, y este
pequeño cambio de posición psíquica,
que no es posible sino en análisis,
es lo que posibilita que el sujeto
atendido por un psicólogo pueda
crear producciones en lo social,
hasta entonces vetadas por el para
él: amores, trabajos, escritura, etc……
Todas ellas
producto-efecto del trabajo que
previamente a la interpretación
psicoanalítica, hecha por el
psicólogo, el sujeto no podía llevar
a cabo porque tenía toda su energía
puesta en el mantenimiento del
cuadro patológico, sea una
depresión, bulimia, stress, o
cualquier otra sintomatología, que
mutila la vida del paciente.
No hay crueldad
más cruel que la locura, ni hay
bondad o amor capaz de contenerla.
Sólo la intervención de un psicólogo
permite abandonar el sufrimiento
excesivo que toda enfermedad supone
para el paciente y su entorno.
Hay una
angustia estructural, que es
necesaria, pero hay también otra
angustia patológica, que inhibe al
sujeto de toda acción y lo sumerge
en los laberintos de la neurosis.
Acudir a un
psicólogo es una decisión personal,
que nadie puede tomar por nosotros.
Ningún gesto humano puede generar
otro gesto humano, en el sentido que
es imposible convencer a alguien de
que visite a un psicólogo, aún
sabiendo que ese gesto cambiaría su
vida; no se puede convencer a nadie
de nada.
Cuando uno se
empeña en convencer a otro para que
inicie tratamiento con un psicólogo,
debe pensar que en última instancia
es él quien desea iniciar ese viaje.
El
psicoanálisis es un hecho
exquisitamente comunitario, porque
no sólo la persona atendida por un
psicólogo se beneficia del trabajo
en sesión sino también todo su
entorno.
DEPRESIÓN
Y PSICOANÁLISIS, La posición del
psicólogo frente a la depresión
La depresión es
una de las patologías más acuciantes
en la población actual. Casi el 50%
de las personas que consultan a un
psicólogo se hacen acompañar por la
palabra depresión.
La depresión se
manifiesta como un estado de
profunda melancolía, a veces
acompañado por jaquecas o trastornos
del aparato digestivo, aunque la
depresión puede estar latente en
otros fenómenos como la bulimia, el
stress o el fracaso escolar. Será
con la atención de un psicólogo como
podrá saberse qué trastorno está en
juego.
La depresión
conlleva no sólo incapacidad laboral
sino que el paciente con depresión
es generalmente incapaz de realizar
cualquier gesto cotidiano.
Consultan al
psicólogo con más frecuencia las
mujeres, en proporción de un hombre
por cada tres mujeres que visitan al
psicólogo. No obstante, esto no
significa que la depresión sea
menos frecuente en los hombres.
El uso
exclusivo de fármacos antidepresivos
como única vía para salir de la
depresión, sin la intervención de un
psicólogo que escuche en el discurso
del paciente con depresión qué le
enferma, puede paliar pero no
permite abandonar la depresión y el
trastorno permanece a lo largo del
tiempo.
La intervención
de un psicólogo posibilita al
paciente con depresión poder hablar
de aquello que el sujeto desconoce,
pero al mismo tiempo padece.
El paciente con
depresión siempre califica a su yo
como indigno de estimación, incapaz
de rendimiento alguno y moralmente
condenable. En la consulta del
psicólogo a menudo se oyen frases
como: “ no valgo para nada”, “ no
me concentro en nada”, “ tengo culpa
por todo”, “quiero morir y
desaparecer”, “soy un fracasado”, “
todo el mundo me abandona”. El
trabajo del psicólogo va a romper
con la idea de que las cosas son
como nos muestran nuestros sentidos.
El sujeto con
depresión siente que el mundo es
absolutamente gris, en su discurso
el psicólogo puede escuchar un
proceso de atroz empobrecimiento del
amor propio del paciente; rasgo que
no sucede en un proceso de duelo no
patológico, pero caracteriza al
estado melancólico que se da en la
depresión.
A menudo el
sujeto con depresión no sabe lo que
ha perdido y si lo sabe desconoce lo
que perdió con ello. En la depresión
el psicólogo siempre puede leer que
hay algo relativo a la pérdida que
es inconsciente, mientras que en el
duelo nada en relación con la
pérdida lo es.
En la consulta
del psicólogo se hace manifiesto
como en la depresión está abolida la
capacidad de sustitución; el sujeto
al no poder sustituir al objeto
perdido se identifica con él y cae
en la enfermedad.
La atención de
un psicólogo nos muestra que los
mismos mecanismos con los que se
elabora el duelo, estado de
aflicción normal ante una pérdida,
provocan la instalación de un
proceso melancólico, fundamento de
toda depresión.
El duelo no
requiere tratamiento con un
psicólogo, pero la melancolía sí. En
la mayoría de los duelos hay algún
proceso melancólico porque en toda
relación afectiva siempre se da
cierto grado de ambivalencia.
La cura en
psicoanálisis se produce siempre y
el paciente con depresión empieza a
mejorar desde la primera sesión con
el psicólogo; pero la cura no es el
único beneficio que el psicoanálisis
proporciona sino un beneficio
secundario. Iniciar tratamiento con
un psicólogo no sólo cura sino que
permite construirse como sujeto
psíquico, tener psiquismo. Es por
eso que no es necesario hacerse
acompañar por una depresión, o por
cualquier otro fenómeno patológico
como la bulimia o el stress, para
acudir a un psicólogo. El
inconsciente sólo se produce en
sesión; somos sujetos del
inconsciente, no sujetos con
inconsciente. El inconsciente no es
algo que preexista al encuentro con
el psicólogo sino que hay que
producirlo. Nunca lo que se demanda
es lo que se desea; el deseo no es
pronunciable sino que es la
interpretación que ocurre bajo
transferencia, ese concepto teórico
que permite que el paciente y el
psicólogo se pongan en relación sin
que haya relación, porque el
psicólogo debe estar en relación con
el psicoanálisis y no con el
paciente.
La separación y
la pérdida son requisitos
indispensables en la constitución
del sujeto.
Podría decirse
que se enferma de depresión, stress,
bulimia, histeria…….por dirigir la
búsqueda hacia la armonía y la
seguridad, el equilibrio y la
certidumbre. El trabajo en
tratamiento con un psicólogo permite
aprender que tolerar la
incertidumbre es un grado de salud,
ya que el afán de completad y de
anticipación, sólo conducen a la
enfermedad.
La angustia es
el afecto por excelencia. Hay, como
se mencionó, una angustia
estructural, necesaria y otra
angustia patológica que debe
tratarse con un psicólogo,
profesional del campo, porque el
sujeto siempre está implicado en lo
que le pasa.
Ahora bien la
angustia que hemos llamado
estructural, no puede ser eliminada
y en este caso el trabajo con el
psicólogo no será para alcanzar este
imposible, sino para aprender a
manejárselas con cierta cuota de
angustia, cierto displacer,
inherente a cualquier actividad
humana.
De la depresión
se sale pero no será sino con el
propio trabajo de la persona que
sufre la depresión en el marco de un
tratamiento psicoanalítico con un
psicólogo.
BULIMIA
Y ANOREXIA.
La intevención del psicólogo en lo
trastornos alimentarios
La bulimia y la
anorexia denuncian un conflicto
psíquico en el sujeto, que con la
intervención del psicólogo se puede
resolver. Comer o cualquier otra
función fisiológica no es en el
humano mera necesidad sino que por
ser hablante todo en él está tocado
por el deseo inconsciente, campo de
trabajo del psicólogo.
De igual modo
que el amor es lo que sostiene a la
especie, el hambre es lo que
sostiene al individuo, siendo los
trastornos alimentarios, bulimia y
anorexia, cuestiones que el
psicólogo puede escuchar en relación
con la constitución de la mortalidad
en el ser humano.
Aceptar que hay
un saber que gobierna en mi, pero al
mismo tiempo desconozco, cura porque
es aceptar que pertenezco a una
especie mortal, es decir, que se ha
nacido de un hombre y una mujer,
seres semejantes pero diferentes.
Que sea necesaria esta unión para
producir la especie es lo que nos
determina como mortales.
Estas
cuestiones están en juego en la
bulimia y la anorexia, por eso no
sólo se trata de acudir al psicólogo
para aprender a comer sino que la
intervención del psicólogo trabaja
en la constitución del sujeto.
Se inicia un
tratamiento de psicoanálisis con un
psicólogo no para recuperar la salud
perdida sino para obtener un estado
de salud que previamente al
encuentro con el psicólogo, no
existía..
El inconsciente
no cree en su propia muerte , se
conduce como si fuese inmortal. La
actuación de un psicólogo puede leer
que el miedo a la muerte que nos
domina más frecuentemente es algo
secundario, procedente casi siempre
de un sentimiento de culpa.
El
psicoanálisis, método clínico donde
el psicólogo articula su práctica,
nos enseña que el presente no está
determinado por el pasado como se
piensa en el discurso aristotélico,
sino que desde el presente se puede
modificar, con la intervención del
psicólogo, el pasado y este
contrapensamiento que produce el
psicoanálisis es lo que permite que
por ejemplo un sujeto que no tuvo
padre, en análisis con un
psicólogo, lo tenga, porque sabemos
que ser padre o madre es una
función.
El
psicoanálisis nos enseña que no hay
manera de pensar el cambio, sólo se
puede cambiar y en este salto
interviene la función del psicólogo.
El hombre no está hecho para el
cambio, frente al cambio surgen
siempre resistencias, a veces en
forma de bulimia, anorexia,
depresión, fracaso escolar………
Todo cambio
conlleva una pérdida y el hombre no
abandona gustoso ninguna de las
posiciones de su libido, aún cuando
le son perjudiciales. La función del
psicólogo permite sumarse a lo
nuevo, aprender a ganar.
Para el
psicoanálisis el cuerpo no es algo
primario sino que se constituye por
identificación con otro ser
viviente. La constitución del cuerpo
está determinada por lo simbólico.
Todo en el
humano se produce, nada le viene
dado, no hay esencias y el
tratamiento psicoanalítico realizado
por un psicólogo, posiciona al
sujeto en la producción de una vida
humana, en la producción de
relaciones y trabajo
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